Por Roberto Welzel
Ante un público aborrotado en el famoso espectáculo del ilusionista-domador Roy Horn, él fue atacado por el tigre blanco Mantecore, que lo mordió en el cuello y lo arrastró por el escenario, para horror de todos los presentes. Esto sucedió el día 3 de octubre de 2003, en el Hotel Casino The Mirage en Las Vegas. Los empleados lo socorrieron y apartaron al animal, pero el domador quedó gravemente herido y con secuelas que lo hicieron terminar su carrera.
Al leer los relatos de varios autores bíblicos, así fue como se sintieron: atacados por Dios.
- Para Ezequiel, el Señor dice: “de un solo golpe te quitaré tu tesoro más precioso” refiriéndose a la esposa del profeta (Ez 24:16).
- Job usa palabras fuertes al decir que el Señor había acabado con su vida por haber destruido su familia, su salud, sus propiedades y su reputación (16.9-14). “Yo vivía tranquilo, hasta que él me despedazó; por el cuello me agarró y me quebró por la mitad” (16.12).
- El salmista dice que la ira de Dios lo aplastó, y Sus terrores acabaron con él (Sal 88.16-18).
- El pueblo de Israel sintió la mano pesada del Señor, cuando fueron castigados con el exilio por sus innumerables pecados, pero el propósito de Dios no era destruirlos, sino salvarlos (Jeremías 29:10-19; Isaías 61).
- “Aunque El Señor aflige la tristeza, también muestra compasión, por causa de la grandeza de su amor (Lm 3.32).
Según el domador Roy Horn, el tigre no lo atacó para matar, sino para salvarle la vida, porque él estaba sufriendo un derrame cerebral antes de la mordedura, lo que lo hizo tambalearse y caer.
Cuando el Señor nos prueba, muchas veces quedamos confusos, desanimados, angustiados, cuestionando cómo nuestro buen Dios puede “atacarnos” de esta manera. Él jamás nos destruirá, sino que nos salvará de nosotros mismos, de nuestros pecados, de las trampas de Satanás y nos transformará en personas diferentes, familias fortalecidas, iglesias más saludables y comprometidas en compartir con el mundo su amor salvador.
¿Alguna vez has sido o estás siendo “atacado” por Dios? No lo olvides: Él no nos destruye, sino que nos salva y transforma porque es bueno y santo. Y, a menudo, es precisamente a través de este proceso de transformación que Dios nos prepara para cumplir la misión que nos confió: compartir con el mundo su amor salvador. Nuestras pruebas pueden hacernos más dependientes de él, más sensibles al dolor del otro y más dispuestos a llevar esperanza a aquellos que aún no conocen a Cristo.
“Porque yo sé los planes que tengo para ustedes, dice el Señor. Son planes de bien, y no de mal, para darles el futuro que tanto anhelan (Jeremías 29:11 NVI).
